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Mostrando las entradas con la etiqueta Absurdo

Tras Aquella Cortina de Niebla

  Le dijeron que no había nada, que la estepa, si no era infinita, por lo menos era lo bastante grande como para no ser abarcada por una persona ni aún viviendo 100 vidas, pero él estaba desesperado. Oyó un llanto tras la cortina de niebla y de inmediato pensó en su hija, perdida hace ya mucho, llamándole para que le rescatase. La locura y la aflicción envenenaron su memoria y le hicieron olvidar que ya había encontrado a su pequeña, sus restos al menos; o quizá no lo recordaba porque nunca quiso aceptarlo, sus ojos ciegos ante la cruel realidad. La fantasía era un escape, y dicho escape estaba tras la cortina, así que fue. Imposiblemente alta, incomprensiblemente extensa, la cortina de niebla estuvo allí desde antes de que el país tuviese nombre y permanecerá incluso después de que lo pierda. Más oscuro que una noche sin luna, de un silencio ensordecedor, capaz de volver los latidos del propio corazón un estruendo insoportable. Era a donde solo iban quienes ya estaban perdidos e...

La Torre

Aquel Muro...

Entomophobia

Fuente Una noche Antonio soñó que era comido por cucarachas. El sueño fue tan real que cuando despertó, bañado en sudor y respirando con dificultad, aún podía sentir en la piel el hormigueo de los insectos caminándole encima. De inmediato fue a ducharse por una hora, restregándose con furia cada milímetro de su cuerpo hasta deshacerse de la desagradable sensación. Se inspeccionó boca, nariz, ojos, oídos… temeroso de que algo se asomase. No volvió a dormir o a entrar en su cuarto, se mantuvo en paño rondando la sala del apartamento toda la noche hasta que el sueño le pudo y cayó rendido en el suelo. A la mañana siguiente despertó y de un salto se levantó, volvió a revisarse el cuerpo, el hormigueo había vuelto. Otra larga ducha. Tras el segundo baño y recuperar un poco de valor para entrar en su cuarto, se preparó para salir a trabajar. Tomó cada prenda de ropa con cuidado, apenas sujetándolas con la yema de los dedos para luego sacudirlas vigorosamente y revisarlas a profund...

En el Banco...

… Entré al Banco, agarré un numero y tomé asiento. Tenia muchas cosas pendientes, pero era el numero 16, así que tendría que esperar un rato antes de atenderlas.  Un señor vociferaba por teléfono:  “¿Lanzaste el Microondas a la piscina? ¡Si había un extintor...! ¿Cómo que el fuego vino después?”. Recordé que había olvidado apagar la estufa, o eso creía. Me urgía salir y cerciorarme, pero era el numero 70, y no podía dejar mi puesto por una duda. Ya si mi apartamento estaba en llamas compraría un extintor. Unas cajeras charlaban:  “¡Era una rata gigantesca! Y Lucifer va y la traga entera, ni los huesos dejó”. “¿Llamaste a tu gato Lucifer?”. “Con ese apetito ¡No parece una criatura de Dios!”. Recordé que había olvidado darle comida a mi perro Rupert, o eso creía. Seguro se moría de hambre, si no lo mataron primero las llamas.  Me urgía salir y comprarle comida, junto al extintor, pero era el numero 160, tendría que esperar. Ya al salir mejor compraba una urna para la...